Unquillo
Unquillo queda en los faldeos orientales de las Sierras Chicas, a 28 kilómetros de Córdoba capital, entre arroyos que bajan de la sierra y barrios que trepan las lomas. Fue lugar de veraneo de las familias cordobesas de otras épocas y terminó convertido en algo más raro y más lindo: un pueblo de artistas.
«Después de París, Unquillo»
La frase es del pintor Lino Enea Spilimbergo, que eligió estas sierras para vivir y trabajar. No fue el único: el italiano Guido Buffo dejó una capilla familiar con frescos únicos en su tipo, y el paisajista Eugenio Rivolta pintó estos cerros durante décadas. Sus casas museo mantienen viva esa herencia, y los corsos —una tradición que viene de 1938— llenan la Doble Avenida de color y comparsas en cada carnaval.
Los Quebrachitos: sierras adentro
Al oeste del pueblo, la Reserva Natural Los Quebrachitos protege unas 5.000 hectáreas de monte con nacientes de arroyos y cascadas escondidas. Es territorio ideal para el senderismo, el ciclismo de montaña, la escalada y las cabalgatas, con quebradas que se mantienen frescas incluso en pleno verano. Los arroyos Cabana y Las Ensenadas, que atraviesan la zona, regalan rincones de sombra y agua para el descanso.
Entre atelieres, arroyos y cerros pintados mil veces, Unquillo invita a mirar las Sierras Chicas con ojos de artista y a quedarse un rato largo.
