Jesus Maria
Jesús María queda 50 kilómetros al norte de Córdoba capital, a orillas del río Guanusacate, justo donde las Sierras Chicas se despiden y comienza la llanura. Es una ciudad con dos almas: la gaucha, que explota cada enero, y la colonial, que se respira en las piedras de su estancia jesuítica.
Enero es de la Doma y el Folclore
Desde 1966, el Festival Nacional e Internacional de Doma y Folclore convierte a Jesús María en la capital de la tradición argentina: diez noches de jineteadas, guitarras y bombos en el anfiteatro José Hernández, con delegaciones de todo el país y del exterior. Es uno de los festivales más convocantes de la Argentina y una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida.
Una estancia Patrimonio de la Humanidad
La Estancia Jesús María, fundada en 1618, integra el conjunto de estancias jesuíticas de Córdoba declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su iglesia, su residencia y su bodega —donde nació la célebre lagrimilla, el vino que según la tradición fue el primero de América en llegar a la mesa del rey de España— funcionan hoy como museo jesuítico. Alrededor, el viejo Camino Real invita a seguir viaje hacia postas y capillas del norte cordobés.
Entre jineteadas y claustros coloniales, Jesús María resume como pocas ciudades el encuentro entre la historia y el campo argentino de hoy.
